Soy maestra con TDAH. Lo digo con orgullo porque tardé mucho en decirlo sin vergüenza.
Vivir con TDAH me ha dado una perspectiva única sobre cómo se siente no encajar en un sistema diseñado para mentes que funcionan de una sola manera. Esa experiencia me ha hecho mejor maestra: más empática, más creativa y más atenta a los niños que el sistema tiende a dejar atrás.
Entender mi propio cerebro me ayudó a entender los de mis alumnos. Y ese camino me llevó directamente a la inclusión.
La inclusión no es una asignatura ni un recurso extra. Es una forma de mirar. Mi acercamiento viene de una experiencia personal cercana a la discapacidad que transformó para siempre mi manera de entender el aula. Desde ahí diseño espacios accesibles, materiales adaptados y estrategias que permiten a cada niño regularse, expresarse y aprender desde su propia esencia.
La diversidad no es un reto a gestionar: es la riqueza más grande que puede tener un grupo.
"Mi TDAH no es mi límite. Es parte de mi metodología."